-Ustedes, saquen el cuerpo de ahí y cubridlo con una toalla húmeda tras lavarlo.
-Pero señora... ¿no hace falta que le eche otro vistazo? ¿No es necesario que sean lo forenses quienes manipulen el cadáver? -preguntó Francisco.
Ni siquiera le contesté. Ya tenía suficientes pistas y ahora debía buscar por otro lado. Grabé la imagen y la repetí mentalmente: Máximo en una barca semihundida. Manos atadas a los extremos. Pañuelo de seda azul tapándole los ojos. Camisa blanca manchada, o limpiada tal vez de sangre por el agua del mar. Un tiro en la espalda.
El cadáver tenía poco que descubrirme ya. Ahora me tocaba el turno de interrogar a....
-¿Dolores Alegre? Venga conmigo, debo hacerle unas preguntas.
El resto respiró aliviado. Dolores se quejó.
El resto respiró aliviado. Dolores se quejó.
-¡Eeeh! ¿Por qué yo la primera?
-Porque usted está generando entre mis lectores, como comúnmente se conoce, "mal rollo".
-¿Qué lectores? ¿De qué habla?
-Acompáñeme dentro por favor.. Y dentro de la casa, estos dichosos grillos impiden escuchar a cualquiera.
Dolores me siguió, con el gato en brazos. Entramos en la mansión empedrada: estilo norteño, de piedra gris, con el techo de pizarra a dos aguas, como si acaso fuera a nevar en este punto del país. Y ventanas, decenas de ellas, blancas como la camisa de Máximo antes de ser tiroteada. Ventanas como pedacitos de cristal que se hubieran clavado en la robusta fachada. Una casa que se burlaba de los colores pasteles y la frescura de las casas típicas mediterráneas con una burla que producía escalofríos pese al sofocante calor de Tabarca.
Dolores Alegre empezó a hablar. Divorciada, 45 años. Nunca había tenido buenas relaciones ni con su hermano ni con el resto de su familia, que presa de las buenas costumbres, le hicieron casarse antes de los veinte por un embarazo que nunca llegó a su fin.
Llegó a Tabarca tres semanas atrás debido a que su casa actual está en reformas. Elegante, distinguida, nostálgica. Me confirmó que la relación con su único hermano era cordial, y que las relaciones mejoraron desde el progreso imparable de Máximo.
-¿Qué hacía el día que murió su hermano?
-Estaba aquí mismo sentada, dentro de la casa. Estaba sola en el salón con el gato. Lo vi por última vez por la mañana desayunando y luego... Luego ya no lo volví a ver con vida -me contaba sin mirarme, acariciando al gato desde su regazo.
-¿Oyó disparos? ¿Algún ruido extraño?
-No oí nada, sólo los grillos cantando como cada día.
-¿Tenía su hermano enfrentamientos con alguien de la casa?
-No aparentemente.
-¿Quién crees que lo mató?
-No estoy segura... Él se llevaba bien con todos y con nadie a la vez.
Contestaba con un tono triste pero seguro, sin llegar al llanto.
-Usted es ahora la heredera universal de todo el imperio de su hermano. ¿Seguirá viviendo aquí con las mismas personas con las que ha vivido su hermano?
-Por supuesto que no.
-¿Por qué no?
-Porque uno de los que están ahí fuera, ha matado a mi hermano.
-¿Y si hubiera sido usted?
-¿Yo? -Dolores sonrió sin ganas - Yo no lo hice, no tiene sentido. Hubiera sido cruel asesinarlo y disfrutar tan poco tiempo de su muerte.
En ese momento dejó el gato en el suelo por primera vez. En el costado derecho, donde siempre apoyaba el minino, había una enorme úlcera en la cual se le notaba casi el palpitar de los músculos, que se enroscaban putrefactos en un agujero que casi se le veía el hueso.
-Por eso mi casa está en reformas, necesito adaptarla, el tiempo que esté aquí por lo menos que sea vivido de la manera más digna posible. Esta enfermedad me está carcomiendo y dentro de poco me iré al lugar donde se encuentra ahora mi hermano. Y le ruego, por el amor de Dios, que antes de irme con él, encuentre al asesino.
Dolores Alegre empezó a hablar. Divorciada, 45 años. Nunca había tenido buenas relaciones ni con su hermano ni con el resto de su familia, que presa de las buenas costumbres, le hicieron casarse antes de los veinte por un embarazo que nunca llegó a su fin.
Llegó a Tabarca tres semanas atrás debido a que su casa actual está en reformas. Elegante, distinguida, nostálgica. Me confirmó que la relación con su único hermano era cordial, y que las relaciones mejoraron desde el progreso imparable de Máximo.
-¿Qué hacía el día que murió su hermano?
-Estaba aquí mismo sentada, dentro de la casa. Estaba sola en el salón con el gato. Lo vi por última vez por la mañana desayunando y luego... Luego ya no lo volví a ver con vida -me contaba sin mirarme, acariciando al gato desde su regazo.
-¿Oyó disparos? ¿Algún ruido extraño?
-No oí nada, sólo los grillos cantando como cada día.
-¿Tenía su hermano enfrentamientos con alguien de la casa?
-No aparentemente.
-¿Quién crees que lo mató?
-No estoy segura... Él se llevaba bien con todos y con nadie a la vez.
Contestaba con un tono triste pero seguro, sin llegar al llanto.
-Usted es ahora la heredera universal de todo el imperio de su hermano. ¿Seguirá viviendo aquí con las mismas personas con las que ha vivido su hermano?
-Por supuesto que no.
-¿Por qué no?
-Porque uno de los que están ahí fuera, ha matado a mi hermano.
-¿Y si hubiera sido usted?
-¿Yo? -Dolores sonrió sin ganas - Yo no lo hice, no tiene sentido. Hubiera sido cruel asesinarlo y disfrutar tan poco tiempo de su muerte.
En ese momento dejó el gato en el suelo por primera vez. En el costado derecho, donde siempre apoyaba el minino, había una enorme úlcera en la cual se le notaba casi el palpitar de los músculos, que se enroscaban putrefactos en un agujero que casi se le veía el hueso.
-Por eso mi casa está en reformas, necesito adaptarla, el tiempo que esté aquí por lo menos que sea vivido de la manera más digna posible. Esta enfermedad me está carcomiendo y dentro de poco me iré al lugar donde se encuentra ahora mi hermano. Y le ruego, por el amor de Dios, que antes de irme con él, encuentre al asesino.
Te digo que no me fío ni un pelo de la vieja amargada del gato, que tenga una úlcera o no me da igual. Como si hacerse con su fortuna fuera la única razón en el mundo por la que alguien pueda matar a un hermano.
ResponderEliminarDe todos modos, es completamente seguro que fue uno de los habitantes de la isla? Hasta qué punto es plausible que viniera alguien como lo has hecho tú, a remo, sigilosamente, y se lo cargara?
Y los grillos... no sé con qué tipo de arma lo dispararos, pero de verdad puede el cantar de los grillos ahogar un sonido tan fuerte como el de un tiro?
este interrogatorio genera más preguntas de las que aclara, al menos para mi.
Jajajaja, me encantan tus comentarios! Pues eso es lo que dice la Dolores, que no oyó nada, y que ya te vale, le quedan dos días y tú ahí cuestionando el testimonio de una moribunda. Pero bueno, me gusta que no cambies tu opinión jaja.
EliminarSi en un principio la vieja pelleja me parecía sospechosa ahora me parece mala malísima. De primeras, parece que ella es la mas beneficiada de la muerte de Alegre y ser la heredera universal puede permitirle disfrutar de sus últimos días acompañada de un guapo enfermero cubano... ¿Porqué si no manda a limpiar el cadáver contaminando la escena del crimen?
EliminarSin embargo no me imagino a la señora ulcerosa capaz de empuñar un arma, disparar a su hermano y colocarle el pañuelo azul en los ojos...
...CREO QUE ESTE ASESINATO, ESTA REALIZADO POR UN HOMBRE....
ResponderEliminarYo discrepo... creo que todo lo realizó la doncella... por qué? primero, porque mi intuición ha ido a ella y segundo porque creo que sería muy probable que, debido al carácter de Don Alegre y la chica siendo joven y hippie, hubiesen tenido algún tipo de discusión por la diferencia de caracteres. En dicha discusión, Sabina salió perjudicada al ser despedida por Don Alegre y, al verse en tal tesitura, ya que no podría continuar sus estudios decidió matarlo, para así dejar la herencia a la señora Dolores y de este modo, poder conservar ella su puesto de trabajo, cuidando a la enferma de la señora Alegre...
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