lunes, 20 de mayo de 2013

Cómo empezó todo



Don Máximo Alegre murió en una casa empedradada y apedreada. Empedrada porque la fachada estaba hecha con pizarra y granito y no se qué piedra traída directamente del mismo Aneto para darle a la casa un toque norteño, y apedreada porque el señor Alegre no era muy querido entre sus congéneres, y tenía la fachada varios boquetes provocados por el lanzamiento de piedra, martillazos y con losas de distinta envergadura. 
Alegre murió en su mansión apedreada de Tabarca, la isla alicantina, la cual había comprado doce años antes a la alcaldesa por una cifra nunca sabida. Los alicantinos al principio se mostraron recelosos e hicieron una manifestación que empezaba en la plaza de Luceros: cargados con toallas, bermudas, flotadores y el tupper de tortilla de patata, y con las dos Belleas al frente, gritaban "Tabarca no se vende, preferimos tener liendres". 
Después de manifestaciones, recogida de firmas y huelgas de basura, salió por fin la alcaldesa al balcón de la Casa Consistorial de Alicante. Y salió el President al balcón de las Corts Valencianes. Y salió el Presidente de España al balcón del Congreso de los Diputados.
Y se fumaron tranquilamente un pitillo porque ya estaba cerrado el trato. 
Y así fue como la pobre Tabarca fue vendida por no-se-sabe cuánto a don Máximo Alegre, un tractorista manchego venido a más que consiguió una gran fortuna gracias a la venta de bellotas. Sí, las bellotas, alimento que alegremente comían los cerdos ibéricos para su engorde, en Estados Unidos, Canadá y algunas partes del mismo Tíbet, empezaron a comercializarse y a venderse al precio del más puro caviar. Don Máximo Alegre se hizo con los latifundios castellanomanchegos y  la meseta quedó protegida por un muro de tres metros franqueado por seguratas instruidos en la CÍA para salvaguardar el gran tesoro ahora descubierto: las bellotas manchegas.   

               Tiempo después, cuando agosto se acercaba y yo volaba por la A-31 dirección Madrid-Benidorm, (lo de volar es un decir, porque mi Renault 12 tampoco estaba para pisarle demasiado) le decía a mis sobrinos al pasar por tierras de Albacete:
-Esto antes era una gran llanura que se veía el trigo y la siega - mientras señalaba el búnker del señor Alegre, que había aparcado su tractor y su mula mecánica y se dedicaba a la colección de grillos vivos.


Como decía, al final el Ayuntamiento de Alicante le vendió la isla. Y a un buen precio se vendió, eso seguro. Lo supongo porque los alicantinos, aunque no vieron una mejora en carreteras u hospitales, lo que sí vieron fue los nuevos chalets de los consellers y la alcaldesa en el Cabo de Huertas, con sus nuevos cochazos y que sólo iban a comprar a la tienda gourmet del Corte Inglés, la cual se convirtió en un punto estratégico para la venta de bellotas del señor Alegre.

Pues bien, don Máximo se trasladó a Tabarca y construyó un enorme chalet de culo a Alicante y con vistas al mar. Una ama de llaves, un pescador, un mayordomo, una doncella y la hermana del mismo Máximo, doña Dolores Alegre vivían en la casa. Junto con un gato.

Y yo, para presentarme, diré que soy Isabel Martín, para servirles, una detective jubilada que estoy pasando mis vacaciones en Benidorm. Yo, que me había olvidado de estos crímenes y demás y pensaba vivir mis últimos años colorada y panza arriba, pero con tanto recortes tienen que venir a llamarme a mí, y así  sin comerlo ni beberlo me veo metida en todo este enfrasco. 


Y como digo, a Máximo lo mataron un día de mayo. Un 20 de mayo. Es decir, hoy. ¿Me ayudas a ver quién fue el culpable? Yo cada día te pongo al día de mis investigaciones. Anda, échame una mano... Que cuanto antes resuelva este caso, antes vuelvo a Benidorm. 



1 comentario:

  1. ¿En qué estado y momento del día se encontró el cadáver? ¿y dónde?

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