martes, 21 de mayo de 2013

Lo que quedó de Alegre

Gracias a la pregunta de la usuaria Saia Sikira, me he animado esta mañana a realizar un reconocimiento del cadáver, fallecido ayer por la tarde según nos contaron los isleños.

A las 9 de la mañana he ido remando en una barca de madera a Tabarca, (el Ferry que hacía la ruta desde Alicante por seis euros y con Georgie Dann de fondo lo quitaron años atrás, cuando Máximo compró la isla, y Salvamento Marítimo estaba demasiado ocupado en la caza de medusas, así que me he tenido que me he tenido que buscar como buenamente he podido la manera de llegar a la isla).  Millas antes de llegar a mi destino escuché un terrible sonido que provenía de ella.
 No eran los lloros desalmados de los habitantes por el luto, sino la colección de grillos vivos del difundo Máximo. 
Ya en en Tabarca me esperaban los isleños, puestos en fila, como si fuera a pasar revisión o si como un fogonazo de inspiración divina fuera a relatar quién había sido el culpable. 
-A ver -les dije en tono lúgubre para hacerme la importante -Enséñenme EL CUERPO. 
Los presentes me han indicado en silencio, todos utilizando el dedo índice de la mano derecha menos la hermana, que tenía el gato en brazos y ha utilizado la izquierda, un hueco entre las rocas. Yo, hasta ese momento, estaba bastante ilusionada pensando que siempre podía ser muerte natural: que fuera un chungo, un telele, un yuyu lo que le había dado al señor Alegre y así podría retomar mi vida estival en Benidorm. 
Pero no, desde luego que lo que he visto era de todo menos natural: Alegre estaba boca abajo, en una barca de madera semihundida, con los ojos tapados con un pañuelo de seda azul. La camisa blanca lucía un agujero del tamaño de una moneda en la espalda, y por el color carmín de la camisa, imaginé que habría salido tanta sangre que habría empapado la camisa y la barca, pero las olas habrían limpiado la escena hasta dejarla con un suave tono rosáceo, como el que tenía ahora la estampa.
Me he vuelto a los únicos habitantes del lugar: la ama de llaves, el pescador de la isla, el mayordomo, la doncella y la hermana del fallecido con el gato en brazos. Todos tenían tapones en los oídos para evitar el ensordecedor canto de los grillos, y pese a ello, discutían elevando tanto la voz que pensé que hasta los vecinos de Santa Pola debían escuchar el vocerío. Se señalaban, reñían, preparaban sus propias teorías, discutían de nuevo. 

Y yo, Isabel Martín, detective durante cuarenta y siete años, me he preguntado quién de los presentes, tan lerdos en apariencia, podría haber cometido un crimen tan inteligente. 

2 comentarios:

  1. De quien será el pañuelo de seda? Alguno de los presentes podría tener armas? Sigue investigando, que estoy intrigada!!!

    P.D: Enhorabuena por tu nuevo blog ;)

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  2. Buff, yo creo que es la hermana. Y la sangre no la han limpiado las olas, la ha lamido el gato. Es una corazonada, pero recuerda lo que te digo...

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