Sabina se unió con resto de isleños. Me repitió que el pañuelo de seda azul, atado fuertemente alrededor de la cabeza sin vida de Máximo le pertenecía, pero que no lo solía utilizar ya que se trataba de un regalo. Y lo solía guardar en su habitación.
Volví junto al grupo, que se había sentado en la orilla para esperar mi llegada. Todos parecían impacientes, algo tristes, desesperados por salir de una vez de Tabarca.
-Leandro, acompáñeme.
El mayordomo, ex tractorista y amigo durante toda la vida de Máximo vino junto a mí. Quise que nos fuéramos a la parte norte, donde las rocas se apiñaban en torno a un acantilado de escasos metros.
Leandro empezó a hablar, con voz pausada y ronca. Me contó que conoció a Máximo de niño, cuando los dos realizaban el mismo trabajo en el campo y, aparentemente, con las mismas expectativas de futuro.
-Pero Máximo era valiente, y en ese momento apostó no tuvo miedo por apostar por su negocio. Y ganó.
-¿Qué consecuencias tuvo eso en su vida?
-Gracias a la prosperidad de Máximo, pude dejar la vida del campo. Yo nunca fui rico, pero por la buena amistad que tenía con él me invitó a que fuera su mayordomo y trabajara en la casa.
-Pero la gente dice que Máximo no tenía muy buen carácter...
-Y no lo tenía, era un hombre caprichoso y algo egoísta, pero eso no es motivo para matarlo por supuesto. A pesar de eso, era mi amigo. Yo hubiera sido incapaz de hacerle nada malo. ¿Qué será ahora de mí? A mi edad... ¿dónde encuentro trabajo? Y ya soy muy mayor para volver al campo.
-¿No generó envidia la prosperidad de su amigo, mientras usted seguía trabajando en el campo, o quizás peor, trabajando para su amigo?
-¡Por supuesto que no! Quizás por momentos, trabajar con Máximo era bastante difícil por su carácter, pero nunca olvidé que si pude salir del campo, fue gracias a él.
Le pregunté por su relación con el resto de isleños, y me dijo que entre todos había una relación cordial. Apuntilló que afortunadamente, su hermana Dolores no había tenía el carácter agrio de Máximo, y pese a lo que pudiera parecer, era una mujer bondadosa y dulce.
-¿Cómo era su rutina antes del asesinato del señor Alegre?
-Cada uno tenía asignada una tarea durante el día. Por las noches, los cinco nos juntábamos en torno a la mesa después de cenar y conversábamos durante horas. Máximo nunca participó en eso, en realidad, Máximo sólo se quería a sí mismo.
-¿Dónde estaba la última vez que vio a Máximo?
-Estaba dentro de la casa, solo en el salón.
Miré a Leandro mientras recordaba los testimonios anteriores. Sonreí, pero preferí no decirle nada: Ya había descubierto la primera mentira.
Si Dolores lo vio por última vez en el salón desayunando y este señor mayordomo lo vio él solo en el salón... uno de los dos miente o simplemente ambos lo mataron, porque así salían ambos beneficiados... por qué? Entre los dos había alguna relación, llámese seguramente amorosa, y de esta forma ella se quedaba con la herencia y teniendo en cuenta la enfermedad de la pobre mujer, con el tiempo sería de su amigo el que heredaría.
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